Resistencia contra los españoles
La guerra de resistencia tuvo dos fases: la una hasta la primera entrada de Benalcázar a Quito en julio de 1534 y la fundación de Santiago de Quito en la provincia de Chimborazo en agosto de 1534; y la otra hasta la muerte de Rumiñahui en 1535. La primera fue una guerra de batallas; la segunda, una guerra de guerrillas. Rumiñahui avanzó a Tomebamba, castigó a los cañaris aliados de Benalcázar y fue retirándose hacia Quito acosado por el español.
Las fuerzas españolas conformada por indios y europeos eran a comparación a las de Rumiñahui más numerosas. Inicialmente, las tropas españolas pudieron confiar en los arreglos de Sebastian de Benalcázar que, por propia iniciativa, había emprendido la conquista del Territorio del Norte, deslumbrado por la esperanza de que el oro existía en ese lugar en gran abundancia. Más tarde, estos se vieron reforzados por la llegada de los contingentes del adelantado Pedro de Alvarado, conquistador de México.
Rumiñahui no estaba solo. A su lado combatían los ejércitos de Zope- Zopahua, Zopozopangui, Razo-razo, Pintag II hijo de Pintag, y algunos soldados más y también llegarían refuerzos del ejército de Quisquis que se hallaba en el Cuzco. Los tres ejércitos indígenas estaban operando, sin embargo, por separado, lo que permitió a los españoles hacer frente a uno por uno, con evidentes ventajas estratégicas.
Episodios memorables fueron los combates en el callejón andino, la recepción posiblemente del cadáver de Atahualpa en Liribamba, la deserción de muchos indios al bando español, la muerte de los primeros cuatro caballos en combate, cuyas cabezas adornadas con flores fueron expuestas por Rumiñahui como prueba de la vulnerabilidad española y la gesta heroica en la "Tercera batalla de Tiocajas" donde el ejército de Rumiñahui conformado por las tribus norteñas que eran pequeñas en número: pastos, cayambis, Puruháes, Otavalos, Caranquis, etc. lucharon bravamente sin piedad ante la tropa española de Sebastian de Benalcazar y cañaris además tribus aliadas a su bando. Los españoles por vez primera saboreaban lo amargo de la derrota, el cerco indígena se estrechaba ya al terminar el día y los españoles ya vencidos, se arrodillaron pidiendo la protección de su apóstol Santiago. De ponto escucharon un ruido profundo que venía de las entrañas de la tierra, era la erupción del volcán Tungurahua y para suerte de los españoles, nuestros indios botaron sus armas creyendo que su dios estaba con ira.
"Es mejor que muramos en seguida por sus manos, con sus armas y debajo de sus caballos, a lo menos nos quedará este contento de haber hecho nuestro deber como honrados y valientes." Son expresiones que el historiador español Antonio de Herrera pone en boca de Rumiñahui cuando éste arengaba a los indios espantados por la erupción del Tungurahua, mientras detenía el avance de Sebastián de Benalcázar sobre Quito y sus tesoros.
Antes de que Quito cayera, Rumiñahui la incendió, escondió los afamados tesoros de Atahualpa y pasó a cuchillo a 4.000 indios pillajes, zámbizas y collaguazos que habían recibido a Benalcázar como liberador. Éste entró a Quito en julio de 1534 hacia las fiesta de Pentecostés.2
La segunda fase fue una gesta desesperada: refugiado entre los yumbos al lado occidental del Pichincha, levantó a los indios de los Chillos y Latacunga, cayó sobre Quito, persiguió a Benalcázar que se dirigía a Riobamba a conferenciar con Pedro de Alvarado, se atrincheró en las breñas de Pillaro pasó a Quijos, se escondió en los solitarios Llanganates y retrasó en tres meses la segunda entrada de Benalcázar a Quito.

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